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Prosopis : el género
de los Algarrobos
a) Origen
Es un género muy antiguo con alrededor de 45 especies en América
del Sur, del Norte y Central, Africa y oeste de Asia. La mayoría
se concentra en zonas áridas y secas de Sudamérica. Argentina
es el centro de mayor diversidad, con 27 especies, de las cuales 8 son
árboles y 11 son de carácter endémico. Se supone que
el centro de radiación parte desde el Chaco más húmedo
y avanza hacia el sur y oeste, con el centro de polimorfismo en Argentina.
Tres de ellas son malezas agresivas e invasoras de los pastizales subtropicales
y seis pueden producir forraje y madera útil, en lugares donde otras
especies fracasan por la pobreza de los suelos o por la baja pluviosidad.
Existen otras especies que son potencialmente valiosas aunque actualmente
sólo se utilizan en forma muy localizada en su estado natural.
b)Distribución geográfica
En el mundo, las especies arbóreas del género
se encuentran desde el paralelo 38ºS en Argentina y avanzan por una
franja por el oeste en Chile, Bolivia, Perú, llegando hasta Centroamérica
y el sur de Estados Unidos. También se encuentran especies abundantes
en Paraguay y escasa presencia en el oeste de Uruguay y sur de Brasil.
Existen especies autóctonas en la India, Pakistán y noroeste
de Africa.
En la República Argentina, el área natural
de Prosopis abarca la mayor parte del país. Prospera en las
zonas que gozan de una temperatura media anual superior a los 12 ºC.
En cuanto a las precipitaciones, ocupa áreas extendidas entre las
isoyetas de 300 a 500 mm. Son vegetales de llanuras, mesetas y sierras
bajas, de clima semiárido.
c) Descripción botánica
Las especies del género Prosopis son arbustos de tamaño
mediano o árboles que pueden llegar a tener una altura de 20 m con
troncos de más de un metro de diámetro. En su mayor parte
tienen espinas en las ramas y las hojas, igual que las de muchos otros
árboles leguminosos; son compuestas, formadas por numerosos folíolos
que tienen la apariencia de plumas. Sus flores son pequeñas y generalmente
se encuentran agrupadas en espigas de diferente largo. Desde el punto de
vista de la biología floral, se clasifican como entomófilas
protóginas. Las flores, aunque no muy vistosas, son nectaríferas
y atraen gran número de abejas y otros himenópteros.
Los frutos azucarados favorecen la propagación zoófila
y endozoica. En efecto, la mayoría de las especies de Prosopis
son propagadas por los animales que comen sus frutos.
d) Tratamiento Sistemático
De acuerdo con Burkart (1976), el género puede dividirse en 5
secciones, de las cuales 3 tienen representantes en el territorio argentino.
Estas secciones son:
-
Strombocarpa
-
Monilicarpa
-
Algarobia
1) La sección Strombocarpa presenta en la Argentina 5 especies:
1. P. strombulifera; 2. P. reptans; 3.
P.
abbreviata; 4. P. torquata; 5. P.
ferox
2) La sección Monilicarpa presenta una sola especie, muy característica,
endémica del centro-oeste de Argentina:
1. P. argentina.
3) La sección Algarobia está muy bien representada en
Argentina, y se incluye en ella las especies de mayor interés para
iniciar ensayos de procedencias. Esta sección presenta en Argentina
21 especies:
1. P. fiebrigii 2. P. hassleri 3. P.sericantha
4. P. kuntzei 5. P. ruscifolia. 6. P. denudans.
7. P. ruizleali 8. P. calingastana 9. P.
castellanosii
10. P. vinalillo 11. P. humilis 12. P.
campestris
13. P. affinis 14. P. elata 15. P. caldenia
16. P. nigra 17. P chilensis 18. P. alba
19. P. alpataco 20. P. flexuosa 21. P.
pugionata
e) Condiciones de hábitat natural
Paisaje típico en el Chaco Arido, próximo a la Reserva
Provincial de Chancani, Provincia de Córdoba, Argentina
Aunque crecen también cerca del agua, distintas especies de Prosopis
se encuentran en lugares tan secos que difícilmente puedan sobrevivir
otras plantas. Pueden tolerar y aun crecer con rapidez en suelos salinos
o de baja fertilidad. Generalmente necesitan un mínimo de 250 mm
anuales de lluvia, pero algunas especies se adaptan a zonas donde la pluviosidad
apenas llega a los 75 mm anuales, aunque siempre debe contar con aporte
de agua del subsuelo. Soportan fácilmente largos períodos
de sequía produciendo igualmente abundantes vainas.
Los árboles de la especie Prosopis que generalmente se
encuentran en suelos pobres prosperan también en arenas livianas
o suelos rocosos. Algunas especies son muy tolerantes a la sal y además
tienen en sus raíces nódulos fijadores de nitrógeno
que mantienen su crecimiento en suelos donde el nitrógeno es escaso.
En condiciones extremadamente xeróticas dominan las especies
arbustivas como Prosopis ferox, P. alpataco, P. argentina,
que suelen crecer en suelos salobres. Los Prosopis no son plantas
de altura. La especie que crece a mayor altura es Prosopis ferox,
en la Quebrada de Humahuaca. En el nordeste relativamente lluvioso, crecen
en campos altos y secos.
Dado que las plantas crecen fácilmente de las semillas y se
regeneran mediante raigones o vástagos, los árboles muestran
una supervivencia sorprendente. Además de una red considerable de
raíces laterales, se desarrollan raíces columnares que van
en busca de agua subterránea y a menudo penetran a 10 m de profundidad,
llegando a veces a profundidades de hasta 20 m.
Como árboles de estepas y sabanas, los Prosopis, contrariamente
a las especies de selva o bosque higrófilo, no necesitan protección
en el estado juvenil. Desde la germinación prosperan a pleno sol,
en competencia con arbustos y pastos.
f ) Efectos sobre el ambiente
I. Suelo
Una estructura forestal aporta al suelo elementos importantes como
la materia orgánica y el nitrógeno. La materia orgánica
mejora la estructura del suelo, aumenta la eficiencia hídrica, mejora
la capacidad de intercambio catiónico: disminuye los pH extremos
y la salinidad.
El nitrógeno y el agua son factores claves para obtener buenas
producciones y calidad en forrajeras y cultivos. Las leguminosas arbóreas
como el algarobo pueden aportar entre 100 y 400 kg/ha/año de nitrógeno,
cantidad que puede cubrir las necesidades de un cultivo o una pastura.
Existen especies arbóreas no leguminosas que contribuyen con
nitrógeno y materia orgánica --como el quebracho blanco--
que aportan cantidades importantes de estos elementos, aunque no alcanza
los valores de P. flexuosa.
Si se elimina el estrato arbóreo se produce una explosión
de fitomasa herbácea, debido a los nutrientes acumulados y por mayor
disponibilidad de luz. Haciendo crecer gramíneas en cámaras
de crecimiento en suelos tomados bajo Prosopis, producen cuatro
veces más de biomasa que los suelos tomados bajo el dosel. Se puede
llegar así a una conclusión equivocada: la eliminación
de la cobertura leñosa aumenta la producción herbácea,
pero esto es por unos pocos años. Al cabo de 5 a 10 años,
disminuye su producción por agotamiento de los suelos y por menor
eficiencia en el uso del agua.
Mediante fertilizaciones, barbechos y largas rotaciones se puede obtener
una alta producción en un suelo desmontado, pero con altos costos
que no evitan la caída brusca de producción en años
con sequías. En regiones donde las precipitaciones superan los 500
mm anuales, los productores ganaderos incorporan leguminosas herbáceas
a las pasturas. Estas mejoran el suelo en forma similar a las leguminosas
arbóreas, pero la producción de estas praderas es errática
porque las leguminosas herbáceas tienen mayor dependencia de las
lluvias.
Estudios realizados han demostrado que el suelo situado bajo la copa
de los algarrobos tiene mayor calidad que los que están fuera de
su influencia debido a que mejoran tanto la fertilidad como la penetración
del agua y la retención hídrica.
La presencia de los algarrobos mejora las condiciones de los suelos
salinos diminuyendo el pH y la salinidad por la protección que ejerce
sobre algunas condiciones climáticas adversas, por el aporte de
nutrientes y de materia orgánica de las hojas y las ramas, y por
el estímulo que produce sobre la actividad microbiana del suelo.
La concentración del ganado debajo de las copas en busca de sombra
produce un aporte adicional de fertilidad mediante las deyecciones. Además,
el algarrobo actúa como nicho ecológico de distintas especies
vegetales al aportarles condiciones favorables.
El algarrobo facilita la disponibilidad del nitrógeno, simplificando
su plantación en los pastizales del Chaco Arido Argentino.
Entre las numerosas ventajas de las especies de Prosopis arbóreos
que crecen en zonas marginales, se encuentra su capacidad de fijar nitrógeno,
debida a la relación simbiótica de sus raíces con
bacterias del género Rhizobium.
Esta característica, unida a la adaptación fisiológica
para soportar la salinidad y estrés hídrico, y a la habilidad
de desarrollar un sistema radical profundo, favorecen su sobrevivencia
y productividad en las regiones mencionadas.
Si bien no ha sido posible detectar nodulación en las raíces
de las especies de Prosopis que crecen en zonas marginales, el uso
de los suelos de esa región en vivero ha mostrado una abundante
nodulación sobre plantines de P.alba, P.flexuosa y P.
chilensis.
Los plantines de P. alba que crecieron en cámara de cultivo
han mostrado una alta eficiencia en la fijación de nitrógeno.
Hay que señalar la importancia de conocer la ecología
de los microorganismos simbiontes de estas especies de leguminosas arbóreas,
especialmente en lo que hace a evaluación de la efectividad de las
poblaciones nativas de rhizobios, y a la eficacia de la nodulación
con cepas seleccionadas para mejorar el establecimiento y desarrollo de
las plantas en zonas marginales.
Existe otra asociación simbiótica importante de las raíces
de Prosopis, y es la que se produce con hongos micorríticos
de tipo vesículo-arbusculares (MVA). Esta simbiosis incrementa la
absorción del fósforo soluble y de otros nutrientes del suelo.
Los Prosopis arbóreos pueden disminuir los niveles de
salinidad del suelo y mantenerlos dentro de valores tolerables para el
crecimiento de la mayoría de los vegetales.
Los árboles frenan la velocidad del viento y mantienen la temperatura
del suelo en niveles tolerables para la actividad microbiana; incorporan
materia orgánica al suelo que, entre otros beneficios, produce una
acidificación que disminuye los elevados valores de pH que normalmente
poseen las zonas semiáridas en donde crecen. También
disminuye la evaporación del agua y consecuentemente el ascenso
de las sales a la superficie y contribuye a descender los niveles de las
napas freáticas altas.
Por los beneficios expuestos, los algarrobos sirven para recuperar
zonas bajas, normalmente salinas. Las regiones afectadas por erosión
hídrica, cada vez mayores, deben encontrar su recuperación
mediante la forestación, en lugar de seleccionar especies herbáceas
tolerantes a la salinidad, que por lo general producen poca cantidad y
calidad de forraje para el ganado y de materia orgánica para el
suelo.
II. Agua
El agua es un recurso fundamental para la producción vegetal,
por lo cual es importante analizar la relación entre el agua y el
árbol.
Las lluvias son interceptadas por la cobertura arbórea, lo cual
produce cambios en la distribución de las mismas. El flujo de agua
por el tronco y la concentración hacia el borde de la copa beneficia
al Prosopis ya que aumenta la disponibilidad de agua en las raíces.
La proporción de la lluvia interceptada depende de:
-
La intensidad de la precipitación: a mayor intensidad, menor pérdida.
-
La duración: a mayor duración, menor pérdida.
-
La frecuencia: a mayor frecuencia, menor intercepción.
-
La forma de la copa: la aparasolada tiene mayor intercepción que
la arbustiva.
El algarrobo también influye en la energía del impacto de
las lluvias sobre el suelo ya que disminuye la erosividad al reducir la
velocidad de caída de las gotas.
La escasez de agua y nitrógeno constituyen dos limitaciones
importantes para el crecimiento de los pastos en las zonas semiáridas,
que la plantación de algarrobos pueden ayudar a reducir.
III. Luz y temperatura
La estructura arbórea disminuye los valores extremos de temperatura,
tanto los picos de máxima como los de mínima.
Es importante la composición de la vegetación del monte,
ya que la presencia de arbustos impide la circulación del viento
y, consecuentemente, se produce un aumento de la temperatura y de la humedad.
La incidencia directa de los rayos solares sobre el suelo, y la indirecta
por la reflexión de la luz por la vegetación, genera un incremento
de entre 15º y 20 º C de la temperatura del suelo, con respecto
a la que hay bajo la influencia de la sombra que proyecta su copa. La mayor
temperatura disminuye la disponibilidad de agua y la actividad microbiana
y afecta la dinámica de los nutrientes y la estructura del suelo.
Como consecuencia, se ve afectada la germinación y el crecimiento
de la vegetación, especialmente herbácea.
Si bien los efectos de las bajas temperaturas son menos problemáticos,
los Prosopis también tienen un efecto benéfico ya
que disminuyen la intensidad de las heladas, lo que permite la continuidad
de la vegetación en el invierno. Sin embargo, los bosques ubicados
en bajos pueden acumular más frío respecto a sitios bajos
sin árboles.
Los Prosopis son plantas caducas o sea pierden sus hojas en
el invierno (estación seca).
El efecto de la intercepción de los rayos lumínicos por
un dosel arbóreo depende de: el número de árboles,
su forma, su diámetro, la densidad de sus copas, y, a través
de los años, por los cambios fenológicos. Los árboles
disminuyen la intensidad de la energía lumínica y además
producen cambios en las longitudes de onda. Las especies que crecen bajo
la influencia de un dosel arbóreo modifican su hábito de
crecimiento, su forma, color, densidad y composición química.
La menor cantidad de luz que llega bajo el dosel disminuye la producción
vegetal, siempre que este sea el único factor limitante. La presencia
de determinadas especies herbáceas bajo el dosel puede deberse a
los siguientes motivos: tolerancia a la sombra, menor competencia, requerimientos
nutricionales específicos o mayor necesidad de agua.
Según su respuesta a la intensidad lumínica, se clasifican
en:
Umbrófilas: prosperan mejor bajo
sombra.
Heliófilas: prosperan mejor fuera
de la copa.
Tolerantes: prosperan bien tanto bajo
como fuera de la copa.
La disminución de la longitud de onda de la luz produce
un atraso y/o una disminución en la floración, y la consecuencia
es que los frutos maduran más tarde o no llegan a madurar; aumenta
el crecimiento de las pasturas, obteniéndose mayor cantidad y calidad
especialmente en el otoño; aumenta el contenido de proteínas
y energía digerible; aumenta el tenor del fósforo.
g) Importancia
Las bondades del algarrobo lo colocan cercano a ser el árbol
ideal, ya que trae aparejados muchos beneficios de diferente índole.
Respecto al ambiente, por los beneficios que produce en el suelo mejorando
su fertilidad, pudiendo tener cultivos y forrajes a perpetuidad bajo su
dosel. Estabiliza el ambiente bajo su influencia, reduciendo los daños
por heladas, vientos desecantes o soles quemantes. Disminuye los riesgos
de oscilaciones climáticas bruscas. Algunas especies de Prosopis
son excelentes para el control de la erosión, para fijar dunas en
la costa, estabilizar médanos, para ser utilizados como rompevientos
y para reforestar tierras baldías. Puede ser colocado en banquinas
de rutas ya que no necesita gran cantidad de agua, y también puede
ser utilizado para forestación debido a que su copa tiene un crecimiento
relativamente rápido.
Algarrobos en la banquina de la ruta nacional 38 , cerca de Cruz del
Eje, Pcia de Córdoba, Argentina.
Es ideal como componente de sistemas productivos múltiples, pudiendo
ser combinado con muchas otras plantas de valor agronómico. Es una
reserva alimenticia en años con sequía donde fallan cultivos
y forrajes, produciendo flores y frutos: "mal año de maíz,
buen año de algarroba".
Los algarrobos son especies muy plásticas, adaptándose
a diferentes condiciones, ambientes y sistemas productivos. Contienen gran
variabilidad genética por lo que dentro de una población
de algarrobos se encuentran individuos con comportamientos distintos: florecen
y fructifican en épocas diferentes y crecen a ritmos distintos.
Esta variabilidad es una garantía frente a los cambios externos
y permite mejorar notablemente ciertos atributos deseables, como lograr
mayor produccion de frutos y mayor crecimiento maderero.
La cantidad de usos alternativos y la plasticidad de los Prosopis,
lo convierten en un excelente aliado de cualquier sistema de producción
agropecuaria de zonas sub-húmedas.
h) Silvicultura
Propagación: Es posible multiplicar el algarrobo
por medio de estacas a los fines de clonar árboles con buenas características,
aunque esta técnica tiene la desventaja de no desarrollar raíz
pivotante. También han dado buenos resultados los injertos utilizando
yemas de árboles seleccionados (árboles plus).
No obstante, la propagación más utilizada es la semilla,
para lo cual hay que contar con material genético de buena calidad
y evitar que esté contaminada con especies indeseables.
La recolección de la semilla se hace manual o mecánica.
La cantidad de semillas por kilogramo oscila entre 15000 y 20000, según
la especie, obtenidas a partir de 9 a 11 kg de vainas secas. El poder germinativo
de las mismas supera el 90%. Es recomendable someter las semillas a una
temperatura de -18ºC durante 10 días para controlar el ataque
de insectos (familia Bruchidae).
Las semillas de Prosopis presentan latencia otorgada por su
tegumento duro. Para facilitar la germinación, en la Argentina se
realizan dos métodos: escarificación mecánica o inmersión
en agua a 80ºC con un posterior enfriamento de 24 horas. Las temperaturas
óptimas de germinación son de 20-30ºC. Con cualquiera
de los dos métodos se logra una germinación homogénea
cercana al 95%.
Plantación: La plantación suele realizarse con
plantines en envases de polietileno transparente de 100 micrones de espesor,
de 15 cm de largo por 4 cm de diámetro. Los mismos deben ser sin
fondo para que las raíces no se enrollen en la base. Se recomienda
sembrar una semilla por envase y luego taparla con una delgada capa de
arena a fin de evitar la desecación del sustrato y el ataque de
los hongos. Se realiza riego cada 2-3 días durante el primer mes
y luego cada 7-10 días. Con temperaturas adecuadas la planta estará
lista para llevar al campo a partir de los dos meses de la siembra.
Plantines de Prosopis flexuosa y P. nigra en el IPEM Nº
273 ‘Arturo Illia", Cruz del Eje, Córdoba, listos para ser plantados
Es conveniente realizar la plantación en hoyos de 30 cm de diámetro
por 40 cm de profundidad. Se aconseja regar el hoyo previo a la plantación.
Luego se deposita la planta sacándole el envase plástico
y compactando bien la tierra a su alrededor. Posteriormente se hace una
cazuela y se riega abundantemente. Se recomienda plantar en el período
de lluvias y evitar los meses de elevadas temperaturas, para independizarse
de riesgos posteriores.
De acuerdo a experiencias realizadas (Fuente: Fao. 1997.Especies arbóreas
y arbustivas para las zonas áridas y semiáridas de América
Latina. Serie: zonas áridas y semiáridas nº12, Santiago,
Chile) la distancia de plantación varía según el destino:
para producción de frutos y aprovechamiento forestal se recomienda
realizar un cuadro de plantación 5 x 5 m; para un sistema agroforestal,
se puede utilizar 10 m entre líneas y 5 m entre plantas; y para
objetivo netamente forestal puede plantarse a 3 x 3 m.
Para sistemas silvopastoriles se recomienda una cobertura arbórea
del 30 al 50%, o sea, 80-100 árboles adultos por hectárea,
según la especie.
Si se desea incrementar el número de plantas por unidad de superficie
se pueden plantar arbolitos y protegerlos con ramas espinosas o plantar
bajo la protección de arbustos.
Labores culturales: Para cualquiera de los sistemas de producción
mencionados es conveniente realizar raleo y poda de formación entre
5 y 15 años de la plantación, según la condición
hídrica del lugar.
Se debe cuidar a las plantitas del ataque de insectos y roedores. Se
deberá impedir el acceso del ganado al área de plantación
por un período de 2 a 3 años.
Aprovechamiento: Debido a la fragilidad de los ambientes en que
se desarrolla, donde es muy importante su función protectora, se
recomienda realizar el aprovechamiento forestal mediante cortas selectivas
periódicas de solamente aquellos árboles que llegan al diámetro
apropiado de corta. No es conveniente la corta final por medio de la tala
rasa, debido a que, entre otros factores, el sistema tiende a arbustizarse.
La corta final se realizará de acuerdo a los productos deseados:
15 años para postes y 30-80 años para madera, según
la especie y región.
El género Prosopis posee buena capacidad de rebrote y
es muy importante la época de corta para estimular el mismo. Rebrota
mejor cuando se corta el árbol en el período de otoño-invierno,
época que coincide con la mayor acumulación de nutrientes
en la raíz. La raíz y el tocón poseen buena capacidad
de rebrote. La costumbre de los hacheros de la zona es cortar con luna
en cuarto menguante para obtener productos de mayor durabilidad y libre
del ataque de insectos.
Capacidad de regeneración natural: Se regenera bastante
bien por semilla, aún en áreas degradadas. Según la
palatibilidad de los frutos de las diferentes especies, dependerá
que las plantas tengan mayores o menores posibilidades de sobrevivencia.
Algunas especies como P. nigra poseen cierta resistencia
al fuego, particularmente en su etapa juvenil.
i) Daños y enfermedades
Los algarrobos están sometidos a diversos factores adversos,
entre los que se encuentran las plagas de los insectos xilófagos,
llamados vulgarmente "taladros", pertenecientes a las familias Bostrychidae,
Cerambycidae y Buprestidae. Las larvas de estos insectos cavan
galerías que pueden ir de la albura al duramen, en donde empupan
y perforan la corteza. Los blancos (P. alba y P. alba) son
menos susceptibles que los negros (P. nigra y P.flexuosa).
El taladro Torneutes pallidipenis ataca gran parte de la masa de
Prosopis
flexuosa en el Chaco Arido y del P. nigra en el Chaco Semiárido.
Dentro del grupo de los xilófagos se encuentran Oncideres
saga y Oncideres germari, conocidos como "cortapalo o serruchero",
que se caracterizan por el hábito que tienen las hembras de practicar
incisiones alrededor de las ramas y en troncos de poco diámetro,
donde depositan sus huevos, produciendo la muerte de los mismos. Los daños
que producen pueden llegar a ser de importancia cuando se trata de renovales
o plantaciones nuevas, produciendo deformaciones en las plantas.
Debido a que estos insectos depositan sus huevos en las ramas secas,
se puede combatir la plaga enterrando, quemando o alejando del lugar a
las ramas.
En las zonas más áridas se encuentran insectos defoliadores
como la "oruga cuarteadora", que ataca los P. flexuosa y los P.
nigra.
Otras plagas de importancia son los hemípteros, lepidópteros
y coleópteros que atacan frutos y semillas. Dentro del orden coleóptera
se encuentra la familia Bruchidae con géneros como Pectinibruchus,
Rhipibruchus y Scutobruchus que se limitan a comer exclusivamente
semillas de Prosopis.
Los frutos en planta son atacados por loros, que abren y extraen las
semillas.
En P. chilensis, P. flexuosa y P. nigra existe
una plaga de importancia que es Oiketicus platensis, "bicho de cesto
o bicho canasto", que se alimenta de las hojas y, por lo tanto, disminuye
drásticamente su crecimiento y la producción de frutos.
Los renovales de P. flexuosa suelen ser severamente atacados
por roedores y hormigas dificultando además, en ocasiones, el éxito
de las plantaciones.
Hay muchas plantas que usan a los algarrobos y a otros árboles
como apoyo para vivir, como el clavel del aire (Tillandsia brioides,
T. xiphioides y T. cordobensis --familia Bromeliacea) y la liga
(Psittaconthus
cuneifolius -flia Lorantacea), pudiendo en algunos casos ocasionar
daños.
Clavel del aire
(Tillandsia cordobensis)
b)Distintas Especies de Algarrobos
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