![]() Carlos Cañás |
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Carlos Cañás Nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de Noviembre de 1928. Es Profesor Nacional de dibujo y superior de pintura. En 1955 realizó un mural en el Colegio de los Escribanos de la Capital Federal. Viajó a Europa en 1961 becado por el Fondo Nacional de las Artes y luego a Brasil, invitado por la Embajada Argentina. En 1987 realizó, por concurso, una pintura mural para la sede de Aerolíneas Argentinas en Nueva York. Ejerció la docencia en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Manuel Belgrano”, en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” y en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”. En 1965 y 1985 participa por invitación especial del Premio Palanza, como también del Premio Tres Arroyos en 1982, del Premio Carlos Morel en 1968 y en 1993 del Premio Trabuco. En 1977 obtuvo el Gran Premio de Honor del LXVI Salón Nacional de Artes Plásticas. Fue miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes en el período 1991/92. En el año 2000 obtuvo el 2º Premio del Salón Manuel Belgrano. Participó en numerosas exposiciones colectivas de carácter nacional e internacional organizadas por galerías, instituciones privadas, museos, embajadas etc. En la actualidad conduce un Curso Superior de Pintura en el Museo Nacional de Arte Decorativo y en su taller. “Se diría que Cañás necesita mantener un hilo conectivo con la realidad que lo justifique interiormente, como si no le bastara el oficio para colgar de la nada los elementos que representa. Algo semejante ocurre cuando sostiene con engañosos papeles engomados las imágenes. El horizonte está allí para justificarlas, tal vez, porque sabe que esa línea colgada entre el cielo y la tierra para limitarlos es la expresión mínima y esencial en la que comienza o termina la planicie. Todos sabemos que la yuxtaposición de una recta en una misma dirección es un plano. En Elogio de la Pampa, opus III, las osamentas animales cubren la planicie desde los primeros planos hasta perderse en la lejanía, como si la muerte confundiese los límites entre lo terreno y lo celestial. El manejo de las oposiciones suele sustentar el equilibrio formal de las obras: lo abstracto y lo concreto, lo imaginario y lo real; lo de afuera (el campo raso) y lo de adentro (los elementos del pintor, pinceles, pomos). El autor necesita apoyar las cosas y las apoya en la planicie, como si ésta fuese la mesa de trabajo que usa para pintar.”(Aldo Garril, Diario de La Nación, Mayo de 2001) |
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