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PABLO PICASSO |
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PABLO PICASSO - LA SUITE VOLLARD
Pablo Picasso, el más importante y polifacético artista del siglo XX, creó, junto a sus pinturas, dibujos y esculturas una extensa obra gráfica, la cual representa uno de los aportes más significativos al grabado de nuestro tiempo.
A los 90 años de edad, Picasso había creado más de dos mil obras. Ante tal número, su obra gráfica es claramente representativa del conjunto de su obra artística, es más, puede considerársela con entidad propia.
En ella el talento artístico y la maestría del oficio de Picasso se complementan de forma ejemplar, sirviéndose de todas las técnicas gráficas, enriqueciendo los procedimientos corrientes de forma única y muy poco acostumbrada.
La obra gráfica da fe de la incomparable libertad creativa de Pablo Picasso y describe la vinculación existente entre su vida y su obra.
En el momento de iniciar la Suite Vollard, Picasso contaba con 50 años, una gran experiencia en la técnica del grabado y una riqueza lingüística profunda, caracterizados, por un lado, por una corporeidad voluminosa, con un modelado claroscuro diferenciado y por el otro, por un dibujo lineal claro e incomparablemente seguro, de valores plásticos no menos marcados.
A esto debe agregarse la variedad de temas con que Picasso contaba y que pudo desarrollar ampliamente dentro de su obra gráfica.
Los grabados que componen esta Suite, fueron iniciados en septiembre de 1930, siendo el último fechado en 1937, fecha en que Ambroise Vollard, conocido coleccionista y marchand de la Época, los adquiere.
Es corriente que se divida esta Suite de acuerdo con sus temas: los cinco grupos mayores son El abrazo (cinco grabados), El taller del escultor (cuarenta y seis grabados), Rembrandt (cuatro grabados), Minotauro y El minotauro ciego (quince grabados), tres Retratos de Vollard y veintisiete obras libres no relacionadas con estos temas de manera directa.
A la riqueza temática y formal le corresponde una extraordinaria variedad de técnicas gráficas. Picasso se sirve de ellas sin haber recibido una preparación propiamente dicha.
El aguafuerte, el barniz blando, la Punta Seca, el buril, el aguatinta, la mezzotinta y hasta el olvidado grabado al azúcar, utilizado en el siglo XIX por artistas y burilistas de oficio para grabados de modas, son empleados con extraordinaria inventiva, convinándolos entre sí.
De igual categoría que la pintura, el dibujo y la escultura, meta y fin en sí misma, los grabados de Picasso dan testimonio directo de sus sentimientos e ideas.
En este sentido su obra gráfica se puede considerar representativa de toda su producción, ya que permite reconocer que para Picasso el arte no es nunca retórica y que sus obras y su vida son siempre inseparables.
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